Aguantando
¿Alguna vez sintieron ganas de no estar? ¿O ese deseo de
desaparecer? No quiero caer en el clásico Yahoo respuestas y si bien lo mejor sería
hablar con un psicólogo, ya lo hice. Hace aproximadamente un año planteé la
situación a mi terapeuta y juntos llegamos a la conclusión de que aunque puede
que tenga algunos síntomas de depresión, no es depresión en sí. Sinceramente no
recuerdo exactamente qué salió de todo eso. Lo que cabe destacar es que en este
momento estoy en otro país desde hace seis meses, cuyo idioma no entiendo y de
poder hablarlo no dispongo de fondos para pagar un psicólogo.
Aun así, si estás
leyendo esto seguramente estés al tanto de la situación pandémica COVID-19 que,
ciertamente, no está ayudando en absoluto.
Hace tiempo ya que tengo estos pensamientos y sensaciones y
tengo discusiones éticas conmigo mismo, sobre mi familia, mis amigos. Ha habido
varias muertes en mi familia a causa del cáncer (tanto por parte de madre como
por el lado paterno) y conozco el dolor de perder a un ser querido.
Créanme que
he evaluado muchos escenarios posibles.
Un amigo muy querido comentó a un grupo en común sobre la
historia de un colega que se quitó la vida, tenía dos hijos y estaba casado,
argumentando el “mensaje” indirecto que dejó a su familia: “no son lo
suficientemente importantes para mí como para que la vida valga la pena”. La
verdad, este es el argumento suficiente para mí para no hacer nada.
Reitero, he tenido varias discusiones internas. Todo lo que
puedan decirme seguramente ya pasó por mi cabeza. Hay días que me levanto y me
siento afortunado de ser una persona sana, joven, con amigos y familia que le quieren mucho, con
un trabajo excitante, una vida social activa. Me digo a mí mismo “ya déjate de
tonterías” o “hay gente con problemas reales y más serios que los tuyos” y
argumentos similares, así como adjetivos sueltos “malcriado”, “millennial”, “egoísta”,
todo en un larguísimo espiral en cuyo centro hay algo permanente: el odio a uno
mismo. Dicho así suena muy dramático (otro adjetivo del espiral de desencanto),
pero he tratado de cavar un poco más profundo convencido de que este “odio” es
una coraza para justificar todos mis fracasos y que debajo de todo eso hay algo
de amor propio y hasta ahora no lo he encontrado.
No estoy diciendo que no exista, confieso que tengo la
esperanza de que sí. Este ha sido otro de los argumentos para seguir adelante.
Debo admitir que se siente como vivir en piloto automático y termina siendo
bastante útil, pues, la vida es movimiento, dicen.
Mi objetivo al escribir esto no es llamar la atención (¿Y si
lo fuera? ¿Cómo se pide ayuda?) ni generar debate… Solo comparto mis reflexiones y aunque no
parezca, quiero compartir mi esperanza, por más rara que sea.
Hay una canción de Fito Páez, cantautor argentino, que dice “¿Quién
dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón.”
¿Ustedes? ¿Cómo la llevan? ¿Les ha pasado?
Les dejo un abrazo virtual.
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